martes, 2 de septiembre de 2008

Educación para la igualdad

Educación para la igualdad

Por Katharina Pittrich

¿Somos diferentes, los hombres y las mujeres? Por supuesto! Pero en este artículo no me refiero a la igualdad de los sexos, la condición inmutable que define a una persona como macho o hembra. Me refiero a la igualdad de oportunidades que está en la base ideal democrático. En este sentido se trata de evitar una caracterización estereotipada de lo femenino y lo masculino en la educación de los infantes, para que ambos, las niñas y los niños, tengan la posibilidad de auto realizarse y crear una sociedad equitativa, donde no existen diferencias en la distribución de riqueza y poder. Una educación no sexista es una educación que educa validando las características humanas (ternura, deseo, solidaridad y pensamiento-lógico, entre otras) como expresiones del mismo sustrato, no exclusivas de alguno de los sexos y necesarias para la supervivencia humana en general.
Jung pensó que las actitudes que tiene la gente podrían incluir la existencia de un inconsciente colectivo, es decir aquel que es el compartido por muchas, si no la mayoría, de las personas de una cultura determinada. Lo desafortunado en lo que al inconsciente se refiere, es que este no piensa de un modo racional lógico, a diferencia del consciente. Para asegurar una educación no sexista, deberíamos entonces, ser conscientes de nuestras actitudes a propósito de los géneros, considerando de que todo aquello que les hacemos a los infantes tiene unos efectos sobre ellos que van mucho más lejos de lo que pretendemos conseguir. En cada instante vivimos un ejemplo para los infantes, en la manera en que interactuamos con los demás y las emociones que demostramos a propósito de ciertas situaciones. Todas las acciones y emociones de las personas que rodean al infante y las cuales observa, son experiencias de las que puede aprender algo, ya sea positivo o negativo. La mayor parte de los primeros recuerdos están “perdidos” en el inconsciente, pero, en realidad, nunca desaparecen. Así puede por ejemplo el lenguaje, como elemento fundamental en el proceso de socialización y la construcción de la identidad genérica como hombres y mujeres, transmitir un mensaje sexista a través de un discurso o imágenes, caracterizando al hombre como proveedor y situando a la mujer en el rol materno y las tareas domésticas, en una situación de subordinación al hombre o mostrarla como persona cuya preocupación predominante es la belleza física. Ciertas actitudes como éstas, que caracterizan los géneros y definen el rol social atribuido a hombres y mujeres, son muy antiguas mientras que la sociedad es dinámica y el proyecto de vida y rol social de la mujer ha cambiado y su realidad actual no coincide con estos modelos de roles tradicionales. ¿Cree usted, por ejemplo, que realmente hoy en día el fin último de la vida de la mujer es el matrimonio?
Los educadores, los padres y profesores, se podrían convertir en una de las mayores fortalezas de la emancipación femenina, en tanto contribuyan con una nueva configuración de la educación para que la valoración de la identidad de la mujer no esté basada en la belleza física y la juventud pero en la realización personal a través una contribución social, participación política y ejercicio laboral. Es importante que las mujeres desde niñas, obtengan una educación que las hace posible decidir qué tipo de persona quieren ser, qué tipo de conocimientos y habilidades les gustaría adquirir y el tipo de mundo en el que quieren vivir, para que formen una personalidad curiosa para adquirir y desarrollar las múltiples capacidades humanas, espirituales, intelectuales y creativas.


Bibliografìa
Dr. Andrew Stanway (1989). Enseñar a vivir. Barcelona
Patricia A. Caastex, Josefina G. Lopez, Marcela R. Salazar, Corporación de Promoción Universitaria y Ministerio de Educación, Lo femenino visible( 1997).Chile

No hay comentarios: