martes, 4 de noviembre de 2008

Educación y valoración de la actualidad

Educación y valores de la actualidad

Por María Francisca Quinteros

Nuestra manera de conocer el mundo que nos rodea es a través de la educación, tanto la recibida de nuestros padres como la entregada por instituciones.

Pero ¿de qué trata la tarea de la educación? ¿cuáles son los valores en los que se debe fundamentar?

Para Humberto Maturana “la tarea de la educación es permitir, facilitar y guiar el crecimiento de nuestros niños de tal modo que lleguen a ser seres humanos que viven y actúan en respeto de sí mismos y respeto hacia otros, operen con conciencia social y ecológica, pudiendo a comportarse así con responsabilidad y libertad en una comunidad humana democrática”.
[1]

Pero ¿tiende la educación chilena a estos principios?, ¿educa en un ambiente de respeto?, cabe hacernos estas interrogantes en un momento en que el cuidado de los niños en la primera infancia ya no está entregado principalmente a los padres sino a terceras personas que no siempre están preparadas para educar; en un momento en que se ven altos niveles de violencia en los estudiantes, bajo rendimiento escolar reflejado en las pruebas SIMCE y PSU, y en instantes en que los profesores de nuestro sistema educacional se niegan a ser evaluados.

¿Se entrega realmente conciencia social a nuestros niños?, ¿se hacen cargo con responsabilidad y libertad de la comunidad que están heredando?

La verdad estamos enseñando a nuestros hijos a vivir en el futuro, a no disfrutar del presente, en el preescolar los preparamos para el colegio, en el colegio para la PSU y la Universidad, y en la Universidad para ser profesionales exitosos, lo que implica poseer bienes materiales que le hagan más cómoda la vida y mantener determinado estatus social, mucho más que tener conciencia social, ser responsables de sus actos y hacer un buen uso de su libertad. Más que respeto les enseñamos a competir a “negar al otro como un legítimo otro”, como lo diría Maturana; fomentamos la violencia y la individualidad por sobre el compartir, les enseñamos a no mostrar sus emociones y a ser seres autómatas que viven insertos dentro de una sociedad materialista, egoísta y competitiva que poco sabe del amor y el respeto por el prójimo, que confunde libertad con libertinaje y que no educa para el bien social, sino para cumplir las metas “socialmente aceptadas como correctas”.

Al fin y al cabo, ¿qué es lo correcto? ¿cómo debemos educar?, es demasiado utópica la visión de Maturana o ¿podemos hacer un esfuerzo como comunidad por acercarnos un poco más a nuestro “ser humano” y volver a valorar los principios que antes se consideraban imprescindibles?...


[1] Maturana Humberto, Transformación en la Convivencia. Comunicaciones Noreste Ltda. 2004, pág. 62

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