Por Katharina Pittrich
La capacidad creadora, la autoexpresión, la libre articulación de las visiones más propias del ser humano, sus miedos, sus sueños y sus recuerdos ofrecidos en metáforas visuales, o simplemente el arte, y su rol en la educación progresista, será el tema que se tratará en este artículo.
Los objetivos del arte están relacionados con la naturaleza propia del arte, su carácter verdadero y esencial, siendo proyecciones de “vida sensible”, como señaló Henry James[1], agregando que todo aquello que articula el sentimiento y lo presenta a nuestro conocimiento es artísticamente bueno. El arte, siendo una actividad cognitiva tanto como una actividad basada en sentimientos, puede servir como una distracción y ayudar a desarrollar intereses que pueden ofrecer cierta satisfacción después del trabajo, cuando se ha acabado la escuela.
También desempeña un papel importante como vehículo de autoexpresión en la medida en que ayuda a expresar emociones y comunicarlas. El Romanticismo forjó esta concepción, y, por supuesto, la expresión del amor como la emoción más inspirada.
El pensamiento creativo y el pensamiento crítico, objetivos principales del programa educativo progresista, son ciertamente características propias de la expresión artística, pues las obras critican a la sociedad en la cual han sido creadas y a través de las cuales se transmiten ciertos valores.
Al identificar el proceso educativo con el crecimiento integral de las alumnas y alumnos, nos referimos a un crecimiento no sólo físico sino también intelectual y moral. La naturaleza propia del arte refuerza al pensamiento crítico y creativo. Su naturaleza terapéutica contribuye a la salud mental y al desarrollo integral del artista.
Las obras de arte nos hacen revivir viejas imágenes y nos transportan con las alas de la imagen visual al mundo fantástico del sueño, nos ayudan a participar en los momentos mágicos de la mente y a revelar ideas y sentimientos escondidos en el subconsciente. También llaman nuestra atención sobre los aspectos aparentemente triviales de nuestra experiencia, lo cual nos permite hallar un nuevo valor en ellos. La obra de arte muestra intuiciones y despierta nuestra consciencia hacia lo que hemos aprendido a no ver. Así el arte desempeña un importante papel en el desarrollo de la vida de la sensibilidad y funciona como una imagen de lo que podría ser la vida.
John Dewey nos ofrece una excelente expresión de este punto: “la función moral del proprio arte es eliminar los prejuicios, acabar con las capas que impiden que el ojo vea, arrancar los velos originados por la rutina y la costumbre, perfeccionar la capacidad de percepción .”[2]
[1]Susanne K. Langer, Expressiveness, Problems of Art, Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1957 [2] John Dewey, Art As Experience, Nueva York, Minton,Balch and Company, 1934
Los objetivos del arte están relacionados con la naturaleza propia del arte, su carácter verdadero y esencial, siendo proyecciones de “vida sensible”, como señaló Henry James[1], agregando que todo aquello que articula el sentimiento y lo presenta a nuestro conocimiento es artísticamente bueno. El arte, siendo una actividad cognitiva tanto como una actividad basada en sentimientos, puede servir como una distracción y ayudar a desarrollar intereses que pueden ofrecer cierta satisfacción después del trabajo, cuando se ha acabado la escuela.
También desempeña un papel importante como vehículo de autoexpresión en la medida en que ayuda a expresar emociones y comunicarlas. El Romanticismo forjó esta concepción, y, por supuesto, la expresión del amor como la emoción más inspirada.
El pensamiento creativo y el pensamiento crítico, objetivos principales del programa educativo progresista, son ciertamente características propias de la expresión artística, pues las obras critican a la sociedad en la cual han sido creadas y a través de las cuales se transmiten ciertos valores.
Al identificar el proceso educativo con el crecimiento integral de las alumnas y alumnos, nos referimos a un crecimiento no sólo físico sino también intelectual y moral. La naturaleza propia del arte refuerza al pensamiento crítico y creativo. Su naturaleza terapéutica contribuye a la salud mental y al desarrollo integral del artista.
Las obras de arte nos hacen revivir viejas imágenes y nos transportan con las alas de la imagen visual al mundo fantástico del sueño, nos ayudan a participar en los momentos mágicos de la mente y a revelar ideas y sentimientos escondidos en el subconsciente. También llaman nuestra atención sobre los aspectos aparentemente triviales de nuestra experiencia, lo cual nos permite hallar un nuevo valor en ellos. La obra de arte muestra intuiciones y despierta nuestra consciencia hacia lo que hemos aprendido a no ver. Así el arte desempeña un importante papel en el desarrollo de la vida de la sensibilidad y funciona como una imagen de lo que podría ser la vida.
John Dewey nos ofrece una excelente expresión de este punto: “la función moral del proprio arte es eliminar los prejuicios, acabar con las capas que impiden que el ojo vea, arrancar los velos originados por la rutina y la costumbre, perfeccionar la capacidad de percepción .”[2]
[1]Susanne K. Langer, Expressiveness, Problems of Art, Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1957 [2] John Dewey, Art As Experience, Nueva York, Minton,Balch and Company, 1934
1 comentario:
Katharina, Ma. Fca., Pilar y Ma. Pía:
Las felicito por el blog que han logrado desarrollar. Los temas me han parecido muy interesantes, así como el estilo que cada una ha plasmado en sus respectivos artículos. Me ha parecido muy bien el nivel de reflexión que se advierte en sus ideas y las constantes referencias en que fundamentan sus planteamientos. Ojalá continúen dándole vida esta interesante página.
Saludos,
Rodrigo.
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